Hay semanas que parecen un trámite y hay semanas que te cambian por dentro sin que lo notes hasta el final. Esta es de las segundas, Sagi. Llevas un tiempo funcionando a base de inercia: yendo, haciendo, respondiendo, pero sin preguntarte realmente si el rumbo es el que quieres. La Luna Nueva en Virgo del viernes es el punto de inflexión de la semana, y llega justo cuando más la necesitas. No porque todo esté mal, sino porque llevas demasiado tiempo posponiendo una conversación contigo mismo sobre qué quieres de verdad.
No el plan de hace dos años. El de ahora. El que tiene en cuenta quién eres hoy.
El Sol y Marte se entienden bien esta semana, y eso se nota en tu energía: tienes capacidad de acción, de arranque, de hacer cosas que llevan tiempo en tu lista. Úsalo. Pero al mismo tiempo, Mercurio está en los últimos instantes de Virgo, afilado como un bisturí, y puede que tu mente vaya más rápido que tus palabras. Cuidado con cómo te expresas en el trabajo, porque lo que dices hoy puede interpretarse de formas que no previste. Venus acaba de entrar en Escorpio y eso cambia el tono de todo lo afectivo: las relaciones se vuelven más intensas, más exigentes, más verdaderas.
Si hay algo sin resolver con alguien importante, esta semana va a salir a la superficie sí o sí. Mejor que seas tú quien abra esa puerta.
El mensaje de esta semana para ti, Sagi, es que el optimismo que te define no puede ser una excusa para no mirar lo que duele. Saturno sigue retrógrado en Aries, y eso te está pidiendo que revises los compromisos que tienes contigo mismo: los que cumples y los que llevas meses incumpliendo. Júpiter en Leo te da confianza, recursos, expansión, pero si no hay estructura debajo, todo eso se convierte en ruido. La Luna Nueva del viernes es tu oportunidad de empezar algo con los pies en el suelo. No un sueño, una intención real.
Escríbela, comprométete con ella, y luego suéltate. Que el camino se hace andando, y eso tú lo sabes mejor que nadie.